lunes, 5 de marzo de 2012

MUJERES TRABAJADORAS


Dentro de unos días vamos a conmemorar el Ocho de marzo, el Día Internacional de las Mujeres. Estaremos en la calle con nuestras octavillas y nuestros manifiestos, participaremos en tertulias y debates, habrá declaraciones en los medios de comunicación y las cadenas de televisión se harán eco de este día y programarán alguna película o algún documental. Será, nuevamente, un día de afirmación de la identidad de las mujeres pero, sobre todo, será un día de lucha porque, a estas alturas del siglo XXI, los avances que habíamos conseguido de derecho y que están recogidos en la Constitución Española y en el Estatuto Andaluz, no sólo no garantizan de hecho la igualdad por la que luchamos, sino que el avance de las políticas neoliberales está dejando en papel mojado algunas conquistas del estado social, y las sucesivas reformas laborales dificultarán, aún más, el acceso al empleo de las mujeres y facilitará su despido “liberándolas”, otra vez, del campo y la fábrica, como rezaba la propaganda franquista. Sabemos, naturalmente, que las mujeres no van a dejar de trabajar; simplemente, van a dejar de tener empleo, pero tendrán que coser con su dedicación, su tiempo y sus cuidados los rotos producidos por los recortes en los servicios públicos y la precariedad en el empleo que dejarán a su cargo, cada vez más, a los mayores dependientes y a los hijos con un futuro incierto. Es una especie de energía emocional que las mujeres derrochan, que no aparece en ninguna estadística y que no pocas veces se les vuelve en contra, ante la incomprensión de unos y la indiferencia de otros, pero que forma parte de la construcción cultural del ser mujer. Sólo con una alternativa feminista tan clara como liberadora se puede construir un modelo más justo de sociedad y de familia, sin ningún tipo de plusvalía, ni siquiera emocional, como diría Ann Ferguson; pero la plusvalía, y la plusvalía emocional, son la base de la explotación del sistema capitalista y del patriarcado y sólo superando esos modelos, anclados en la historia y en la injusticia, podemos conseguir una sociedad de hombres nuevos y de mujeres nuevas, la que propugnaba y teorizaba Alejandra Kollontai.
Sé que muchas de estas reflexiones forman parte de la teoría y la praxis de muchas mujeres que participaron en la manifestación convocada por los Sindicatos el pasado día veintinueve en Jaén y que anticipaban, con su presencia, un Ocho de marzo claramente combativo ante la gran agresión que supone para todos los trabajadores, y especialmente para los colectivos más vulnerables, jóvenes y mujeres, la reforma laboral del Partido Popular.
Allí estaban las mujeres que, en los años setenta, se incorporaron a la lucha contra la dictadura y se hicieron feministas porque la igualdad no era sólo un objetivo, sino también una estrategia de transformación; algunas están jubiladas o siguen trabajando; otras, dejaron un empleo para cuidar de su familia y otras, llevan como pueden su situación de paradas. Alguna fue a la manifestación y dejó a su madre al cuidado de una vecina que no suele acudir a esas cosas; otra le dijo a su hijo que iría a manifestarse por él, ya que el joven tiene un trabajo de esos de plena disponibilidad y cuatrocientos euros y tenía que trabajar esa tarde; una le dijo a su marido que ya está bien de quejarse, que el acuerdo sobre la jubilación no era algo ajeno a lo que está pasando y que ella quería también hacerse ver y levantar su voz y otra le dijo a su hija que se fuera a la Universidad porque tenía clase, pero que era su futuro el que estaba en juego y que ella iba a defenderlo…
Mujeres de todas las edades y profesiones, con distintas experiencias de lucha, y mujeres jóvenes, un soplo de aire fresco y de esperanza, levantando su voz y plantando cara a quienes quieren que retrocedamos más de cien años en nuestros derechos duramente conquistados. Juntas y unidas, como siempre debemos estar quienes compartimos objetivos y tareas tan nobles como la igualdad entre los seres humanos: lo dijimos en la manifestación del miércoles pasado y lo diremos de nuevo, con entusiasmo y con fuerza, el Ocho de marzo. Nos vemos, compañeras.


ANA MORENO SORIANO

SÍ HAY OTRAS ALTERNATIVAS

Cuando el Gobierno Zapatero afirmaba que tenía que llevar a cabo las políticas de reducción de derechos laborales (como debilitar los convenios colectivos) y sociales (como alargar la edad de jubilación, congelar las pensiones o recortar el gasto público social) como consecuencia de la presión de los mercados financieros, estaba, en realidad, intentando externalizar la responsabilidad de desarrollar unas políticas altamente impopulares. Algo semejante ocurrirá ahora con el Gobierno Rajoy. En ambos casos, los ejecutivos nos dicen que no son ellos sino los de fuera, es decir, los mercados, los que mandan mientras que los gobiernos no tienen otra alternativa que desarrollar tales políticas.
Con la ayuda de los mayores medios de información y persuasión del país, los gobiernos intentan presentar tales políticas como determinadas por fuerzas exteriores sobre las cuales tienen poquísima capacidad de influencia. El gran argumento, que justifica tales políticas, es que son necesarias para “dar confianza a tales agentes externos: los mercados financieros”. En otras palabras, hay que reducir el déficit y la deuda pública, y hay que reducir los salarios y debilitar a los sindicatos a fin de calmar a los mercados para que estos presten su dinero al Estado español, permitiéndole con ello poder pagar sus gastos. El problema con este esquema político-intelectual es que cada uno de los postulados sobre los que se basa es erróneo, es decir, los datos empíricos no lo sustentan. Veámoslos.
En primer lugar, no son los mercados financieros, sino principalmente los bancos, las compañías de seguros y los fondos especulativos españoles (el eje de lo que se llamaba antes la burguesía financiera, término abandonado en el lenguaje político-mediático actual por considerarlo “anticuado”) los que poseen casi la mitad de la deuda pública española. La mayoría de la otra mitad la poseen bancos, compañías de seguros y fondos especulativos europeos, gran número de ellos relacionados con los mismos fondos españoles. Sólo una mínima parte la poseen entidades financieras extranjeras (es decir, de fuera de la Unión Europea).
Los “mercados financieros” son, pues, básicamente nuestras instituciones financieras (españolas y europeas). Utilizo el término “nuestras” para indicar su identificación político territorial, pues de nuestros –en el sentido de posesión por parte de la mayoría de la población– tienen poco. Están controlados por un número pequeñísimo de personas (los gerentes, gobernadores y accionistas), menos del 0,1% de la población, que se benefician enormemente de que el Estado español tenga que pagar hasta un 7% de interés para conseguir dinero prestado de los bancos a los cuales el Estado debe pagar, dinero que procede de los recortes de gasto público en pensiones, sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, entre otros. Las clases populares de España, que son las más afectadas por estos recortes, tienen que apretarse el cinturón para que el Estado pueda pagar a nuestra burguesía financiera, a la cual, por cierto, nuestro Estado ha ido reduciendo sus impuestos y ayudándola, prestándoles millones y millones de euros para que no colapsaran el sistema financiero como resultado de sus prácticas especulativas (y muy en particular en el sector inmobiliario) al estallar la burbuja del ladrillo que ellos crearon.
Pero, por si no fuera poco, tal burguesía financiera, tanto española como europea, ha recibido una enorme cantidad de dinero del Banco Central Europeo (BCE), que es una institución pública (sus dirigentes son nombrados por los estados de la Eurozona, incluido el Gobierno español), que está en la práctica controlado por nuestras (españolas y europeas) instituciones financieras. El BCE imprime millones y millones de euros y los da (bueno, dar, dar, es un decir, aunque los intereses son ridículamente bajos) a los bancos, los cuales, con este dinero, especulan y compran deuda pública a unos intereses desorbitados.
El segundo supuesto erróneo es asumir que no hay otra alternativa a la dependencia que los estados tienen de la banca privada. Ello no es cierto. El Estado puede generar recursos a base de, por ejemplo, incrementar, en lugar de bajar, los impuestos a la banca, a las rentas del capital y a las rentas superiores. Y el BCE, en lugar de dar dinero a la banca, se lo podría dar a los estados para comprar su deuda pública a los mismos intereses que se los da a la banca. Pero no lo hace, con lo cual el Estado tiene que pedir prestado a la banca. Un círculo virtuoso para la banca y desastroso para los estados. Pero las cosas han empeorado todavía más porque cuando por fin el BCE ha comenzado a enviar dinero a los estados comprando su deuda pública, el BCE (que es el lobby de la banca) ha impuesto unas condiciones draconianas, que se resumen en un ataque frontal a las clases populares y a su Estado del bienestar.
No son, pues, los mercados financieros, sino nuestra burguesía financiera, aliada con la burguesía financiera europea, quien está controlando nuestras instituciones públicas, las mismas que nos dicen que no hay alternativas. Y para el máximo abuso, nuestros representantes políticos en su última reunión en Bruselas, quieren ahora asegurar a los bancos (para darles, incluso, más confianza) que estos nunca, repito, nunca, perderán dinero. Es decir, que los estados les deberán pagar siempre el dinero que supuestamente les deben. Y todo ello se presenta con el argumento de que no hay alternativas.
Pero sí que hay alternativas. Los estados pueden controlar a los bancos, en lugar de ser al revés, estableciendo, por ejemplo, bancos públicos. Y pueden cambiar al BCE poniéndolo al servicio de la población y de la economía productiva, y no al servicio de la banca. Que no lo hagan se debe, no al poder de los mercados, sino a la excesiva influencia política y mediática de nuestras burguesías financieras.


Vicenç NavarroCatedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu FabraIlustración de Mikel Jaso

lunes, 27 de febrero de 2012

ACTO PÚBLICO DE IULV-CA EN VILLARGORDO



lunes, 20 de febrero de 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

MANIFESTACIÓN CONTRA LA REFORMA LABORAL

Animamos a todos los vecinos de Villatorres a manifestarse contra la Reforma Laboral aprobada por el Gobierno. Contra la agresión que se está haciendo a los trabajadores debemos responder democráticamente y constitucionalmente con la asistencia a esta manifestación convocada por los sindicatos y apoyada por IU. Todo aquel que quiera asistir lo esperamos el domingo, día 19 de febrero, a las 10 de la mañana en el cruce de los semáforos. La manifestación sale de la plaza de San Francisco(Diputación) a las 11 de la mañana. Los trabajadores y trabajadoras no podemos quedarnos con los brazos cruzados con todas las agresiones que el gobierno está haciendo. Anímate y anima a otros.